Nadie puede decirse sorprendido con las recientes decisiones de Andrés Manuel López Obrador, pues tanto su gabinete como sus propuestas habían sido anunciados con muchísima anticipación. Sin embargo, es precisamente por eso por lo cual la oposición al siguiente gobierno no estará en las Cámaras, sino en los pasillos de la iniciativa privada.

Con cuatro meses más por delante, antes de que se dé el cambio de gobierno, no será raro ver cómo el candidato ganador de la elección presidencial continúa poniendo la agenda pública con nombramientos anticipados y alguna declaración partidista.

Y es que tan sólo durante el mes de julio, luego del histórico triunfo de Morena al obtener el 53% de los votos en la elección presidencial, Andrés Manuel López Obrador no ha soltado un solo día el protagonismo en los noticiarios nacionales. Tal y como ocurriera durante toda la campaña, pero ahora sin adversarios en la boleta.

Tanta atención por parte de los medios de comunicación, se explica debido al vacío de información que (pareciera ser a propósito) ha dejado la Oficina de la Presidencia, todavía con Enrique Peña Nieto como titular del Ejecutivo federal. Como también puede deberse a la importancia del triunfo de la izquierda por primera vez en la historia moderna de nuestro país, y por lo sorprendente de la cifra de votos con la que llegará López Obrador a tomar posesión de la Presidencia el próximo 1º de diciembre.

Para poner en perspectiva, el 53% de los votos en una elección presidencial equivale no solamente a que el candidato ganador obtuvo más de la mitad de los votos válidos. También representan más de 30 millones de votos, provenientes de personas de todos los sectores y rangos de edad de la sociedad, emitidos a favor de él. Un número récord que no había obtenido ningún candidato presidencial en toda la historia de México.

Es más, ni siquiera José López Portillo, famoso por haber sido candidato único en la elección de 1976, consiguió semejante cantidad de votos en la época dorada del priismo hegemónico. Algo que muchos podrían cuestionar diciendo que no había tantos mexicanos en posibilidad de votar en aquellos días; pero la comparación continúa siendo válida, en tanto que ni Vicente Fox Quesada en el año 2000 con el ánimo de sacar al PRI del poder, ni Enrique Peña Nieto en el 2012 con una inmensa ventaja en las encuestas, llegaron al mismo número de votos que obtuvo López Obrador el pasado 1º de julio.

Ante este escenario, resulta obligatorio cuestionar y analizar qué es lo que representa un voto masivo como ése.

En primer lugar, debemos entender que la teoría del voto contempla que los votantes decidimos entre diferentes opciones de políticas públicas. Esto significa que, aun inconscientemente, vemos en los candidatos no solamente su nombre y su imagen, sino que consideramos también sus propuestas como un factor de peso a la hora de tomar nuestra decisión, ya que sabemos que estas propuestas podrían convertirse en realidad.

Esta situación, explica las razones por las cuales muchos vieron con recelo la sola presencia de Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” en la boleta electoral. No solamente por el contexto en el cual el Tribunal Electoral lo convierte en candidato aun en contra de la primera resolución del INE, sino también porque muchos tomaron mal sus propuestas (como la de cortarle la mano a quienes sean condenados por robo).

En segundo término, es necesario prestar atención a los nuevos adversarios que se han posicionado contra López Obrador en la opinión pública luego de su triunfo. No ha quedado de pie ningún dirigente de partido, ni algún actor político. Por el contrario, hoy son algunos empresarios agrupados en las distintas cámaras de comercio, algunos consejeros del INE y ciertos actores dentro del Poder Judicial de la Federación quienes han ocupado el espacio de la oposición a López Obrador.

La razón no solamente toca el hecho de que los partidos derrotados tienen primero que atender los conflictos internos que la debacle electoral ha evidenciado, sino que incluye también al hecho de que el ganador de la elección fue muy claro durante toda la campaña sobre lo que pretendía hacer en diversos temas.

Y con 30 millones de votos en la bolsa, no solamente tiene López Obrador la fuerza suficiente para asumir la Presidencia con un buen margen de maniobra, sino que tiene además la legitimidad absoluta para cumplir sus promesas. Todas ellas las dijo en voz alta, nunca las ocultó; y la gente votó por él y votó por ellas.

Con esto en mente, no es sorpresivo el resultado de la encuesta publicada el pasado 25 de julio en el periódico Reforma, donde la opinión favorable al próximo Presidente de la República aparece ahora en un 62%, superando las cifras medidas con anterioridad.

Pero lo más importante, es la medición que el mismo periódico hace respecto de las promesas de campaña que López Obrador ya ha retomado como parte de su programa de gobierno anticipado.

Y es que salvo la propuesta de la amnistía, la encuesta de Reforma muestra un amplio apoyo a la reducción del sueldo de los altos funcionarios del gobierno, a eliminar las pensiones de los ex Presidentes, a revisar los contratos de Pemex con empresas privadas, a cancelar la reforma educativa, a someter a consulta ciudadana el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México y a mover al interior del país las distintas Secretarías de gobierno, entre otras.

Lo que demuestra, ni más ni menos, que el ritmo que ha tomado el virtual Presidente electo durante las pasadas semanas, es uno que convence y que da confianza inclusive a muchos de quienes no votaron por el ganador de la elección. Algo que despierta temores fundados en los grupos que han sido beneficiados por gobiernos anteriores y que les ha llevado a cabildear desde ahora los términos de su relación con el futuro Presidente, algunos con negociaciones y otros con ataques en los medios.

Pues con un mandato de ese tamaño, y con la mayoría en ambas Cámaras del Congreso de la Unión, el contrapeso del poder presidencial no estará, ni de cerca, en quienes pasarán a ocupar la oposición el próximo diciembre.

Y si no estará allí, donde se le suele ver, entonces tendrá que estar entre quienes se sientan amenazados por el cambio que viene.

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